domingo, 12 de julio de 2009

"De la realidad rebozada de democracia."

El sufragio es la manifestación técnico- jurídica esencial de la democracia. La valía de este derecho implica la evolución de la concepción social del mundo occidental; resultado de revoluciones, protestas, aparejadas a muertes de grandes pensadores, apresamientos injustos y desaparición de miles de desconocidos, que se sacrificaron para ser mártires del sistema liberal que impera en la mayoría de los países de la tradición.

La democracia, como el sistema de gobierno más elevado, en el cual se deja escuchar el sentir y voluntad de la gente, no ha logrado consolidarse en los Estados latinoamericanos; quienes herederos de ideologías monárquicas, dictatoriales, de cacicazgo e imperium eclesiástico; sólo se han rebozado de la teoría liberal, del Estado representativo y constitucional, para que al amparo del principio de legalidad, pueda respaldarse el actuar de los que siempre han sido ricos, y han hecho ricos a los que ellos han escogido.

Por el momento, México habló, y refleja el sentir de un pueblo decepcionado que confió mucho en el cambio prometido; en el héroe guanajuatense de botas, azulado, que prometía destronar a los reyes del autoritarismo priísta, e imponer como guía la luz del faro de la moralidad, de Santa María de Guadalupe y la inversión generadora de empleos. La gente creyó en el crecimiento del 7%, en la resolución del problema chiapaneco en 10 o 15 minutos, entre muchas cosas, y sin embargo, ese sexenio tan esperado y laureado, pasó sin pena ni gloria, eso sí, sin restarle que se considera el mandato más divertido: por ocurrente, por desfachatado, que de la vergüenza habitual, ya lo mejor era sacarle raja cómica y comprender que eso también es México.

Luego llegó el presidente del empleo, el de las manos limpias, el abogado egresado de la Libre de Derecho: serio, incorruptible, con una facha de “papá listo para llevar a sus hijos al fútbol”, amable y hasta franco. Pero la visión del sexenio del crecimiento económico también se desmoronó, y con una velada transformación, se convirtió en el mandato de la guerra contra el narcotráfico, de los retenes, de las balaceras, de los motines, de la panacea de la Reforma Penal, de los Policías Federales, de la intervención de llamadas telefónicas, del sueño de entrar a domicilios sin orden de cateo… en fin, de la trasgresión de derechos fundamentales de seguridad jurídica y legalidad, en aras de la Seguridad Publica, de la Nacional.
Y en las elecciones intermedias; las que definían si Calderón sigue o no con su mini Vietnam; pierde su partido, luego de una ridícula y grimosa campaña, que dejó ver a Acción Nacional como un partido inmaduro y presuntuoso, con actitudes de oposición, nunca con la dignidad de ser el partido oficial. Y los culpables de la gran pérdida: son muchos, desde presidentes municipales, gobernadores, diputados, senadores, el presidente del partido, pero en el especial, Calderón.
La crisis pegó fuerte en los bolsillos de la gente, mas no hay que limitar ese detrimento en las finanzas de las personas. El desequilibrio es social, emocional, espiritual. Los mexicanos no confían en su prójimo, por tanto, tampoco en sus instituciones. Han llegado al punto en que el respeto es impensable, pero ya ni siquiera la burla o el desprecio son aplicables, ahora sólo la indiferencia y el hartazgo. Al pueblo le prometieron trabajo, oportunidades, en esencia: dinero. Eso quiere la ciudadanía, ser solventes para poder pagar determinados productos o servicios que la haga feliz.
Los candidatos no prometieron nada, crearon una campaña plástica, envolvente y asfixiante, que a su vez era transparente, pero que al encimar sus capas, sólo lograban distorsionar la realidad, hacer tiempo, y ganar curules o presidencias con monigotes a quien controlar para continuar con los planes del Ejecutivo Federal y su cuasi-fascista Plan Nacional de Desarrollo. Volvieron a ser elegidos por su popularidad, por su presencia escénica, sin importar que casi la totalidad desconozca el proceso legislativo, así como de elementos jurídicos fundamentales.
El PAN perdió porque hartó a la gente, que no quiere guerra contra el narco, que no le conmueve ver que los muchachos al servicio de Calderón atrapen a una veintena de mafiosos en su zoológico privado, si luego despiertan con la noticia de que 56 reos se escaparon de un penal, liderados por supuestos AFI’s. La población está sentida, todos hemos tenido cerca a víctimas de los enfrentamientos entre las autoridades y los narcotraficantes. Y peor es cuando uno reflexiona, ve a los ojos al elemento de policía preventiva que se batió a tiros con maleantes armados como militares, y comprende que aquello es sólo su trabajo. No más ni menos, no hay ministerio alguno, es sólo una actividad que se practica a cambio de un sueldo siguiendo las órdenes de un patrón con muchos patrones por encima, hasta llegar a Calderón. El Estado se encuentra comprometido.
Y la población votó por el PRI, se arrebataron gubernaturas y curules al PAN, posicionaron al llamado dinosaurio como principal fuerza política de la Cámara Baja, dejando a su merced el contenido de la agenda política federal. Y Calderón debe estar pensativo, preocupado, quizá un tanto somnoliento, pues casi todo su gobierno ha consistido en ver semanalmente al gabinete de seguridad para seguir invirtiendo presupuesto en la lucha contra el hampa. Tenía al Congreso, así como a casi la mitad de la Corte. Pero no más.
¿Por qué votar por el PRI? ¿Se votó por su supuesta restructuración, su renacimiento de Siglo XXI? No lo creo. Se votó por él porque la sociedad no quiso invertir mucho tiempo en razonar su voto. Había que votar por el menos peor, y resultó el PRI, el mismo de Peña Nieto, el de los empresarios del norte, en donde sí hay dinero, los que ayudan a los maestros, a los obreros, electricistas, en general a los sindicatos. El PRI que “escupía” parte de lo que robaba, con quien se podía contar para encontrar una plaza de gobierno sin mucho lío, el que sacaba de la cárcel, el que hacía milagros por la gente. Y la sociedad no quiere cambios, ni participar en la consolidación de una democracia activa, tendiente a la evolución. Vive en un Estado capeado de democracia, pero todo el mundo sabe tácitamente que esto es una oligarquía entre partidos, y mientras el pueblo pueda sacar tajada, que así sea. No le importa el ideal, sólo el capital. Es la ignorancia, indolencia e indiferencia política, jurídica y cívica. El Estado no fomentó a su población la cultura de la legalidad. El Estado está comenzando a ser olvidado.
Sobre el voto nulo; como una buena amiga me dijo; se trata de una protesta romántica, y por ser así, estamos conscientes que poco o nada lograríamos; pero al menos la protesta se dejó sentir, y la verdad es que sí impactó profundamente. Con el número de votos razonadamente anulados; cuya elevada cifra del 6% resulta histórica; el Partido Social Demócrata hubiera salvado su registro, sin mencionar que se anularon más votos que los que ganaron el Partido del Trabajo y Nueva Alianza. Y el que el PSD no haya conseguido un porcentaje suficiente, para mí ya es una satisfacción. Pues de pronto, con el pretexto de la diversidad partidista, nos llenamos de inútiles asociaciones políticas que representan a casi nadie, pero que reciben ingresos del erario como si lo hicieran. Además, creo que quienes anulamos nuestro voto, lo hicimos por el simple hecho de que nadie nos satisfizo, no sentimos que los candidatos realmente nos representaran, no comulgamos con ninguna fuerza política, pero que no omitimos ejercer el derecho público subjetivo de votar, y como tal, podemos hacer con el mismo lo que mejor nos parezca. Además, cumplimos con la obligación de participar, de manifestar nuestra opinión y sentir político.
Pero fueron elecciones intermedias, el abstencionismo fue severo, porque el interés es pasajero: son elecciones de trámite, de continuidad mecánica, trascendentes, claro, pero no impactantes. Por supuesto que nos hablan de la tendencia de las elecciones de 2012, del posible regreso del PRI, como pronosticaba el periódico “El País”, la difícil inamovilidad del PAN o el ascenso del PRD, por mera novedad, si el contrincante es Ebrard. Mientras, queda esperar por ver cómo manipula el PRI la agenda política, con quien negocia, cabildea, a quién compra y a qué precio. Me quita un tanto el sueño que el socio de esta legislatura del partido mayoritario sea el Partido Verde, porque si éste permuta sus votos a cambio de que se aprueben sus oscurantistas e inquisitivas iniciativas de ley, como la pena de muerte, habrá que ponernos a temblar. Aunque el panorama para ello es nublado, no deja de ser angustiante cuando uno toma mucho café.

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